8 de noviembre de 2011

Primum non nocere

También llamado el principio de No Maleficiencia, constituye uno de los cuatro principios de la Bioética junto con los de Beneficencia, Autonomía y Justicia. Significa: "Ante todo, no dañar". Es el primero de los pilares que sostienen la Medicina como ciencia y como arte: ante todo, jamás causar daño a nuestros pacientes, y va entrañablemente de la mano con el principio de Beneficencia: el sólido compromiso de obrar en bien de nuestros pacientes.

Al parecer, la prensa sensacionalista lo entiende de otro modo. Y no sería tan grave si sólo pecasen de ignorancia; sin embargo, me toca inaugurar el blog con mal pie por causa de la mala voluntad de quienes amparan y son cómplices de la mentira.

El lunes 7 de noviembre, el diario peruano El Comercio publicó la siguiente nota a propósito del caso en el año 2007 de una niña de 13 años que fue violada, y que a raíz de esto intentó quitarse la vida lanzándose del techo de su casa. La niña sobrevivió, pero se lesionó gravemente la columna cervical. Como estaba embarazada, los médicos rehusaron operarla. Sus representantes legales solicitaron que se le practicara un aborto, pero le fue denegado. La niña fue operada tres meses después luego de sufrir un aborto espontáneo (esto es, no provocado), pero quedó con secuelas que le impiden caminar. Por este motivo la ONU, a través del Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), sancionó al Estado peruano a pagar indemnización y a cubrir la rehabilitación de la niña, aduciendo que todo ello se derivó de que a la misma no se le practicara el aborto a demanda de sus representantes legales.

"Una vez más, la ONU ha dejado claro que negar el acceso a servicios médicos esenciales, incluyendo el aborto legal, constituye una violación de los derechos humanos”, señaló Rossina Guerrero, directora de la ONG Promsex (Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos).

Según se desprende de tales alegatos, practicarle el aborto a demanda a la niña habría permitido que fuese operada, evitando que terminase en silla de ruedas e imposibilitada de caminar. Y se desprenden esas conclusiones porque quienes las plantean exhiben un desconocimiento alarmante en materia de Derechos Humanos, de Bioética, y no menos de medicina. No tuvieron la delicadeza de subsanar esa carencia ni siquiera para mentir públicamente, todo en aras de utilizar la tragedia de una chica de 13 años como banderín para reivindicar lo indefendible.

Vayamos por partes.

No existe el aborto terapéutico. La terapéutica, como la define el Diccionario de la Real Academia Española, es la "parte de la medicina que enseña los preceptos y remedios para el tratamiento de las enfermedades", así como el término para referirse a dicho tratamiento. El aborto no es un acto terapéutico por tres motivos: porque el embarazo no es una enfermedad, porque ante un embarazo lidiamos no con uno sino con dos pacientes - una mujer y un bebé; y a ambos tenemos que resolverlos -, y porque acabar con la vida de uno de esos dos pacientes (o de cualquier otro) no es en modo alguno un acto terapéutico.

Principio de doble efecto. Para lo mucho que incursionan en la Bioética los medios sensacionalistas, es insólito su desconocimiento de un concepto tan importante. Aquí es donde, además de denunciar la complicidad de la prensa sensacionalista y de los grupos pro-aborto, se podría en todo caso cuestionar la resolución del comité de ética que estudió el caso de la niña; o denunciar la eventual negligencia de los médicos que la atendieron, si la hubo (y la culpa, por negligencia o por cualquier motivo, hay que probarla, no inventarla): el embarazo no constituía por sí solo una justificación para no operarla. Lo que establece el principio de "doble efecto" es que si como consecuencia de un acto terapéutico (en este caso una intervención quirúrgica), el paciente sufre un daño grave o pierde la vida, fue una consecuencia no buscada por el médico. Para ilustrar un poco mejor el concepto: un paciente es sometido a una operación de alto riesgo para corregir una enfermedad o intentar salvarle la vida, y ese paciente muere durante la operación como consecuencia de los riesgos inherentes a la misma. El cirujano no quiso ni desde luego intentó causarle la muerte al paciente.

El riesgo, en este caso, era que el bebé sufriese daños o muriese si la niña era operada. Podía haber sucedido o podía no haber sucedido, aunque el riesgo indudablemente existía. Si la niña hubiera sido intervenida estando embarazada, y a consecuencia de la operación el bebé hubiera resultado herido o muerto, habría sido una consecuencia no buscada de la misma. El aborto, en cambio, tiene el expreso propósito de causarle la muerte, que habría sobrevenido con toda seguridad.

Se trata de casos sumamente complejos, que de ordinario son analizados por comités de ética multidisciplinarios, que asesoran (pues no tienen potestad para imponer su dictamen) al equipo tratante sobre cómo proceder. Por supuesto, tanto el diario citado como los grupos pro-aborto, bien desconocen o bien evitan convenientemente aclarar ese aspecto. Si se procede acorde a la ética (como corresponde en todo acto médico), no existe justificación para negarle a la niña la operación, a menos que el comité de ética que revisó el caso concluyera que intervenirla no mejoraría su calidad de vida y además pondría en riesgo al bebé. Para lo que seguro no existe justificación, es para reivindicar un aborto provocado que en nada habría corregido las lesiones cervicales ni sus secuelas, y que por añadidura habría provocado deliberadamente la muerte al segundo paciente en juego. Y traspasa los límites de la grosería el modo en que la nota del mencionado diario plantea la situación:

El Estado Peruano debe indemnizar y adoptar la rehabilitación de una menor de 13 años que quedó inválida debido a que no la sometieron a ese procedimiento legal 

Plantea la invalidez de la niña como una consecuencia directa de no habérsele practicado el aborto, cuando en realidad fue consecuencia de no intervenirla en tiempo y forma - y es posible que ni aun la cirugía evitara las secuelas, dependiendo de la gravedad de la lesión, en cuyo caso no había un beneficio que justificara el riesgo para ella y su bebé de operarla. No tiene sencilla y absolutamente nada que ver una cosa con la otra: el aborto no hubiera prevenido ni curado nada, y desde luego no es un procedimiento inocuo en absoluto (sobre esto prometo volver en notas venideras).

Riesgo para la salud o la vida de la madre
Una de las banderas por excelencia de la propaganda pro-aborto.

Corresponde volver sobre lo discutido acerca de los principios de No maleficencia y Beneficencia, así como el principio de Doble efecto. No es infrecuente que los pilares de la Bioética entren en conflicto en mayor o menor medida, como ocurre en este caso: ¿es aceptable arriesgar un daño para hacer el bien? En la inmensa mayoría de las veces, así ocurre y así se procede en la Medicina: nuestros medicamentos, nuestras cirugías, nuestros procedimientos diagnósticos invasivos no están exentos de riesgo para los pacientes; pero esos riesgos son asumidos porque, sopesados en la balanza, es mayor el riesgo de no realizarlos que el de realizarlos.

Aquí es donde no puede dejarse de lado el consentimiento informado como elemento clave del acto médico. Al paciente, según su capacidad de comprender y en un lenguaje accesible, se le debe de informar de los pros y los contras del procedimiento que se le propone, y el paciente decide libremente si se somete a dicho procedimiento o no, decisión que debe ser respetada y garantizada por el médico. A la paciente del caso correspondía tratarla e intervenirla para intentar evitar o reducir las secuelas, a menos que ella hubiera decidido expresamente lo contrario por su propia voluntad, o que los médicos asesorados por el comité de ética concluyeran que el riesgo de operarla superaba ampliamente el posible beneficio. No hay por dónde perderse en esto: si una paciente embarazada es candidata a recibir un tratamiento determinado y decide someterse a este, previo dar su consentimiento informado, se la trata sí o sí. Si como consecuencia de esto hubiera sobrevenido un daño o la muerte al bebé, no habría sido una consecuencia deliberada sino una consecuencia no buscada como resultado del riesgo inherente del procedimiento.

No tiene absolutamente nada que ver con el aborto provocado, cuyo objetivo no es corregir una lesión cervical ni sus secuelas. La próxima vez que escojan mentir, ruego que se tomen al menos el trabajo de asesorarse un poco mejor. La mentira de por sí tiene patas cortas, y se acortan todavía más cuando son de barro.

1 comentario:

  1. Excelente nota! Totalmente de acuerdo en todo.-
    Y la ONU siempre aprovecha cualquier situación para tratar de imponer el aborto en todo el mundo. ONU a estas alturas quiere decir: Organización de Nazis Unidos; donde se intenta formar un pueblo pequeño y selecto, del que todos los demás seremos esclavos pobres y en lo posible analfabetos, donde los discapacitados y Dawn desaparecerán cuando introduzcan el aborto obligatorio de esas personas.

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