10 de diciembre de 2011

Mitos abortistas: seudociencia

Calentito, come cuando quiere y cuanto quiere, duerme
o se despierta cuando le da la gana: ¡qué vida, amigo!
Si alguien lleva cierto tiempo (no tiene por qué ser mucho) involucrado en el activismo ProVida, invariablemente ha tenido la oportunidad de escuchar y/o leer uno o más de los siguientes alegatos por parte de quienes reivindican el aborto. Son sólo una fracción de los más frecuentes, pero son los que concretamente quiero abordar en esta nota por un par de motivos: porque son los que me ha tocado discutir en el correr de estos días, y porque están comprendidos en el auge de una suerte de seudociencia abortista, que ante la imposibilidad de rechazar lo que la ciencia ha demostrado sobradamente hoy por hoy, se empeña en tergiversarlo y remodelarlo para que tenga algún sentido que defienda lo indefendible.

No es un detalle menor porque hay personas a las que puede llegar a confundirlas. A otros, nos hace preguntarnos qué les pudo salir mal los profesores de biología en el liceo. En cualquier caso, conviene dejar las cosas claras y saber qué responder y cómo responder cuando nos toca lidiar con alguna de las joyitas siguientes:

1.- Humano, pero persona no. Pensarán ustedes que deberíamos haber avanzado un poco como civilización a este respecto, pero no: hay quienes siguen aduciendo que hay seres humanos que sin embargo no son personas. Muchos abortistas se han decantado por hacerse trampa al solitario: hoy por hoy, no es posible negar la naturaleza ni más ni menos que humana del no nacido desde el cigoto hasta el feto de 9 semanas, no con un mínimo de formación y honestidad intelectual. Está dotado del mismo número cromosómico y del mismo patrón de bandas que cualquier otro ser humano, posee la identidad genética de la especie tanto como quien escribe como cualquier otro; y posee, a su vez, una identidad genética única e irrepetible que lo diferencia de cualquier otro individuo dentro de esa especie, sean sus progenitores o cualquier otro en el mundo. Ante la imposibilidad de negar esta realidad absolutamente demostrada, han adoptado muchos abortistas la triste costumbre de aducir que, pese a que es indudablemente humano, no es sin embargo una persona. No es la primera vez que se recurre a la despersonalización de aquellos individuos de la especie humana cuya eliminación sistemática se pretende, para poder justificarla. En la Alemania nazi, de hecho, tenían una palabra especialmente para eso: Untermenschen ("subhumanos"). Judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados mentales, indigentes... todos ellos eran Untermenschen, "humanos inferiores" a los humanos de pleno derecho. Todos sabemos cuán de verdadero tenía ese absurdo y cuán nefastas y catastróficas fueron las consecuencias de que todo un país lo tomara como verdad.

Podemos tomar dos posturas en esto: que "persona" es un accidente que le sucede al ser humano en un momento X de su desarrollo (y en el cual los abortistas no consiguen ponerse de acuerdo), o podemos creer que el combo "ser humano/persona" no se vende por separado. Visto y considerando lo que como Humanidad nos pasó cuando consideramos que algunos humanos no eran personas, basados en arbitrariedades de carácter netamente subjetivo - racismo, clasismo, homofobia, eugenesia - y sin ninguna base científica, yo prefiero decantarme por la segunda postura.

2.- Semana más, semana menos. Los abortistas tienen una curiosa fijación por trazar una línea distinta por cada órgano o sistema de órganos, no siempre consiguiendo ponerse de acuerdo entre ellos mismos. Para algunos, el aborto es permisible antes de que se desarrolle el corazón; para otros, es permisible hasta que haya madurado el sistema nervioso; y los hay aquellos para quienes es permisible hasta que el bebé "pueda sobrevivir fuera del útero sin depender de los cuidados de la madre".

Sorpresa, sorpresa...

  • Nuestro corazón no termina de desarrollarse sino hasta el día mismo de nuestro nacimiento, cuando una diferencia de presiones produce en condiciones normales la obliteración de una estructura llamada foramen ovale ("agujero oval"): con la primera respiración profunda, el aumento de la presión en la aurícula izquierda y su caída en la aurícula derecha producen el cierre de esta estructura. El agujero oval es una comunicación entre las dos aurículas del corazón, que durante la vida intrauterina permanece abierta y que debe cerrarse en el momento que nacemos (cuando nuestra circulación depende de nuestro corazón y no de la circulación de nuestras madres); de lo contrario, se produce una condición muy grave denominada "cortocircuito o shunt derecha-izquierda", que debe ser corregido mediante cirugía. Por supuesto, sólo falta que a los recién nacidos con este defecto se les considere subhumanos por estar enfermos.
  • Nuestro sistema nervioso continúa desarrollándose hasta los 2 años de vida extrauterina aproximadamente, cuando culmina el proceso de mielinización de los nervios (esto es, el depósito de las vainas de mielina que optimizan la conducción del impulso nervioso) por parte de las denominadas "células de Schwann" (en los nervios periféricos) y "oligodendrocitos" (en el sistema nervioso central). De hecho, su maduración ni siquiera termina ahí, ya que la mielinización de las conexiones de la corteza cerebral no se completa hasta avanzada la vigésima década de vida extrauterina (en español, los veintitantos añetes). La otra posibilidad sería proponer la "interrupción de las señales nerviosas" de los niños hasta los 2 años de edad basados en "cuándo madura su sistema nervioso" - por lo menos siguiendo dicho planteo en favor del aborto.
  • Me da un poco de vergüenza abordar este ítem, pero tengo 24 años de vida extrauterina y todavía dependo de los cuidados de mi madre para sobrevivir. Sí, en serio: ella no se equivoca cuando le pregunto qué voy a hacer cuando me vaya a vivir sola y me responde entre risas "no vas a sobrevivir". Y a un recién nacido de 2 meses, 6 meses, 1 año, no le va mucho mejor que a mí en ese sentido: es totalmente dependiente de los cuidados de su madre (o de su padre; no quiero pecar de sexista) para poder sobrevivir. No puede alimentarse por sí mismo, no puede protegerse del frío por sí mismo, no puede higienizarse por sí mismo, no puede ni siquiera moverse por sí mismo. Dentro o fuera del útero, un recién nacido es total y absolutamente dependiente de los cuidados de un adulto, sin los cuales es totalmente inviable y está condenado a morir en cuestión de días. De nuestros adultos con alguna discapacidad que les hace dependientes de los cuidados de otros adultos para sobrevivir, mejor no hablemos antes de que el próximo neonazi levante su mano y proponga la "versión Adolf" del aborto para adultos.

3.- Un ser vivo tiene consciencia de sí mismo; el embrión no la tiene. Impresionante. Tanta biología clásica enseñada desde la más tierna infancia, echada por la borda con... bueno, con esto, sea lo que sea. Soy un poco conservadora en ese sentido: hasta la fecha no se ha demostrado que bacterias, arqueas, protozoarios, hongos y vegetales tengan consciencia de sí mismos, y sin embargo, están todos vivos hasta nuevo aviso y hasta donde alcanzan los textos más básicos de Biología. La vida, como la definen los mismos, es una cualidad de los seres con capacidad de cumplir las tres funciones vitales: nutrición (alimentarse, respirar), reproducción (perpetuar la especie, capacidad que se adquiere conforme el organismo madura), y relación con el medio (entendiéndose como medio el entorno que lo rodea, y que no es solamente su hábitat natural sino desde la mismísima matriz uterina en el caso de los mamíferos). Eso lo hace hasta la bacteria más primitiva de todas, y me deben todavía una demostración sobre qué tanta consciencia tiene de su existencia.

La consciencia y la capacidad de razonamiento no convierten mágicamente a un humano en "no-humano", ni viceversa. A menos, claro está, que el neonazi de turno levante la mano esta vez para proponer también que los pacientes con deterioro cognitivo severo, como los comatosos y los que padecen enfermedad de Alzheimer en etapa avanzada, pasan de ser humanos a convertirse mágicamente en "no-humanos" - sea lo que sea eso - porque "no tienen consciencia de sí mismos" y "no pueden razonar". Un planteo de lo más confuso e impreciso, porque implicaría que pacientes en un coma profundo reversible pasan de ser humanos a convertirse en no-humanos, y una vez más de no-humanos a humanos. Loco, ¿no? No podré volver a dormir la siesta tranquila a partir de ahora: vaya uno a saber si por no razonar ni ser consciente de mí misma mientras duermo, no hago sin querer la gran Gregorio Samsa y me convierto en cucaracha.

4.- El embrión no es un ser vivo, sino un parásito del cuerpo de la mujer gestante hasta que logra independizarse de ella. Más o menos una mezcla de los ítems 2 y 3: además de presentar una confusión preocupante sobre la definición estricta y sencilla de ser vivo (al menos como la ciencia lo entiende; los alquimistas y partidarios de la generación espontánea podrán diferir), presenta una confusión quizás más disculpable pero no menos preocupante acerca de qué es realmente un organismo parasitario. Vayamos por partes:

  • Un parásito es un ser vivo. Aunque quisiéramos dar una patada simultánea a la Biología y a la Embriología diciendo que un embrión humano es un parásito del cuerpo de su progenitora, eso no significaría en modo alguno que no sea un ser vivo.
  • Un embrión no es un organismo parásito. Existen muchísimas especies que presentan estadíos parasitarios y estadíos de vida libre, y justamente nuestra especie no es una de ellas. No existe un sólo organismo parásito (sea permanente o sea una etapa transitoria de su desarrollo) que parasite a su propia especie: todos estos organismos parasitan a otras especies, nunca a la suya propia. Parasitología elemental, en definitiva. No inventemos ni mucho menos propongamos como evidencia científica algo que en absoluto está descrito en ningún texto especializado. De sus fábulas háganse cargo quienes las inventan.
  • No juguemos a dárnosla de independientes porque vamos a salir mal parados: nuestro tracto intestinal está repleto de bacterias sin las cuales no podemos procesar y absorber adecuadamente lo que comemos; ¿eso en qué nos convierte respecto a las pobres bacterias, que además de alimentarse por ellas tienen que hacerlo por nosotros? Irónicamente, durante nuestro desarrollo intrauterino, nuestro intestino está libre de esas bacterias porque no las necesita. El embrión y el feto dependen de los nutrientes que le pasa su madre; nosotros, de miríadas de bacterias que tienen que procesar el alimento por nosotros, ineficientes adultos moneradependientes para el resto de nuestras vidas. Que nunca les pase, pero el día que tengan una señora diarrea por pérdida de la flora bacteriana normal, se van a enterar de lo que quiero decir.

Conclusiones: podemos hacernos los malos si queremos, pero todos somos absolutamente dependientes de nuestras madres y no podemos sobrevivir sin sus cuidados incluso después de abandonar su útero (algunos lo somos todavía durante un tiempo más); necesitamos que unas miserables bacterias procesen nuestra comida por nosotros durante el resto de nuestras dependientes vidas; nuestros corazoncitos y esos cerebros que deberíamos tener en constante funcionamiento se toman algo más que unas pocas semanas para madurar por completo; felizmente no engrosamos las filas de organismos con estadío parasitario transitorio; y somos a fin de cuentas individuos de la especie humana de principio a fin, no nos convertimos mágicamente de un "pre-humano" a un "humano de verdad" (de dos individuos de una especie, hasta nuevo aviso, sólo nace otro individuo de esa misma especie y no otra).

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