3 de diciembre de 2011

No está todo perdido

Cierto día, caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar. Hacía lo mismo una y otra vez. Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigado, lo interrogué sobre lo que estaba haciendo, y me respondió: "Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano. Como ves, la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla; si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de oxígeno."

"Entiendo" le dije "pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa. No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas. Y quizás no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa. ¿No estás haciendo algo que no tiene sentido?"

El nativo sonrió, se inclinó y tomó una estrella marina, y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió: "¡Para esta sí lo tuvo!"


Hoy tomé conocimiento de que alguien ya no está con nosotros. Una persona que no conozco, movida por razones que tampoco conozco, acudió al Centro Hospitalario Pereyra-Rossell para obtener allí lo que creía era una solución a su embarazo - la solución al "problema". El médico le proporcionó Misoprostol. Pese a que dos de mis compañeras (una de quienes la conoce) le facilitaron sus números y el de Madrinas por la Vida, finalmente hay un niño muerto y una mujer que acaba de inflingirse una herida. Como esos cánceres que se cobran de a pedacitos la vida de tantas personas, no importa cuánto tiempo tarda en manifestarse la enfermedad: cuando sus síntomas se manifiestan abiertamente, está ya avanzada y es devastadora. Como el síndrome post-aborto.

Un niño que no conozco está muerto y los minutos que me llevó asimilar la noticia cuando la recibí, terminaron conmigo encerrada en el baño llorando por él, por una pérdida que intentó evitarse y finalmente no se pudo. Una pérdida doble.

Creo que deben haber desfilado demasiados pensamientos a mi alrededor. La mayoría eran para un perfecto diminuto corazón que ya no late, y para alguien que habría podido dar quién sabe cuánto al mundo de habérsele permitido venir a él; para una mujer que sin saberlo - aun - se ha inflingido una herida; sobre qué no habría dado por cambiar de lugar con ella y acoger esa vida conmigo; y como cristiana los hubieron también para Dios, que no por primera vez tuvo que hacerse eco de mis increpancias, de mi rabia y de mi sensación de desgarradora impotencia por la vida que se nos escapó como sangre entre los dedos.

Cuando el clamor de los más pobres entre los pobres se le clavó en el corazón, Madre Teresa de Calcuta se preguntó alguna vez por qué Dios no hacía algo para corregir esa injusticia. La respuesta que obtuvo fue la siguiente: "Claro que he hecho algo para cambiar esto: te he hecho a ti."

Hoy, junto con esta pérdida tan desoladora, también hubieron buenas noticias y finales felices. La maratón de la Teleton 2011 no solamente culminó con una recaudación que superó con creces el objetivo fijado, sino que nos legó una serie de preciosísimos testimonios para la vida, sobre la vida misma: personas pequeñas y físicamente frágiles, pero dotadas ellas y sus familias de una fuerza y una voluntad arrolladoras, que han sabido abrazar la vida por su valor intrínseco y que no han vacilado por un instante en pelear día a día por ella. Vimos y escuchamos a una mamá hablar del séptimo cumpleaños de su hija nacida con microcefalia, a la que sus médicos no daban ni la posibilidad de que llegara a nacer, y la vimos y la escuchamos desbordar orgullo y amor por ella en cada palabra, con todas sus dificultades y cuidados adicionales que requiere - y que ni ella ni el resto de la familia y amigos han dejado de profesarle en ningún momento.

Volviendo al breve cuento con que abrí la nota, quiero añadir a mi pésame por esta pérdida mi resolución una y mil veces reforzada de seguir recogiendo estrellas de mar de la arena, tantas como sea humanamente posible. No se pudo salvar a alguien, como no se ha podido salvar a muchos más muertos en manos de los que visten la túnica de Neso. Lejos de bajar los brazos y considerar nuestros esfuerzos inútiles, minados por la sensación de impotencia y de pérdida, esto sólo tiene que servir para redoblar nuestros esfuerzos por los que todavía nos quedan por salvar, y que siguen contando con esa posibilidad.

No podemos salvar a todos; bien lo hemos sabido, por mucho que duelan las pérdidas, desde el primerísimo momento en que abrazamos el activismo pro-vida. Eso nunca debe desanimarnos y minar los esfuerzos que marcan la diferencia para quienes sí podemos salvar y ayudar de alguna manera. Perdimos a un niño entre quién sabe cuántos más. Pero por otro lado, hemos visto a otros niños con muchas dificultades salir invictos y agradecidos con la vida, tanto como sus familias están agradecidos de tenerlos a ellos como son. Para ellos y para nosotros, tiene todo el sentido del mundo seguir recogiendo esas estrellas para regresarlas a la mar abierta.

Hoy es 3 de diciembre - el Día del Médico. Te prometo a vos, les prometo a ellas y a los pequeños corazones que laten dentro de ellas, que desde siempre y el día de mañana honraré sin reservas ni excepciones mi solemne compromiso de usar la ciencia y el arte sólo en beneficio de la humanidad, nunca para perjudicarla, y que sus vidas y su bienestar serán mi único desvelo.

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