27 de enero de 2012

Olvidar el pasado es condenarse a repetirlo

"Quien destruye un alma, es como si destruyera al mundo entero. Y quien salva una vida, es como si salvara al mundo entero." - Talmud

Untermenschen. Significa "infrahumanos", y en la Alemania nazi era la palabra utilizada para designar a los judíos, a los gitanos, a los homosexuales, a los discapacitados mentales, a los indigentes. En definitiva, a todos aquellos individuos que no encajaban en el ideal de la raza perfecta. Endlösung, palabra también alemana y que significa "Solución Final", era el remedio ideado para purificar a la raza humana de aquellos individuos inferiores: era la palabra para definir al exterminio sistemático de esos individuos - de los infrahumanos - para purgar la raza humana y lograr su perfección.

El 27 de enero fue declarado como día internacional para el recuerdo del Holocausto, uno de los episodios más oscuros, terribles y vergonzosos que han manchado nuestra trayectoria en el mundo. Un episodio que se escribió con sangre en las páginas de la Historia - la sangre de los que con aval la autoridad, de la ley y de la opinión pública, fueron etiquetados como infrahumanos y conducidos al exterminio sistemático en los campos de concentración.

El Holocausto es la cicatriz que marcará para siempre la primera mitad del siglo XX. Avanzada la segunda mitad, la Historia nos legó un segundo Holocausto, una herida que continúa abierta y supurante hasta nuestros días.

Con aval de las autoridades, de las leyes y de buena parte de la opinión pública, las páginas de la Historia volvieron a escribirse en rojo con la sangre de aquellos individuos de la especie humana que, etiquetados como inferiores e inmerecedores de protección y respeto por aquellos que detentan el poder y la autoridad, son enviados cada día a centros especializados en su exterminio sistemático. El objetivo, una vez más, es el de purgar a la Humanidad de aquellos individuos cuya existencia, por diversos motivos y bajo diferentes justificativos, es considerada indeseable. Desde la segunda mitad del siglo XX hasta nuestros días, transcurrida ya la primera década del siglo XXI, el aborto legal todavía se cobra las vidas de los nuevos Untermenschen.

Tanto uno como otro Holocausto estuvieron signados por diversas coincidencias: se dijo que aquellos Untermenschen no eran humanos, o que eran humanos inferiores; que eran parásitos de la sociedad; que no tenían alma; que representaban una carga para la sociedad y para otras personas. Con independencia de las justificaciones que se evocaron para avalar su exterminio, incontables individuos de la especie humana fueron considerados como inferiores al resto de nosotros y masacrados con aval de la autoridad, de la ley y de la opinión pública de su país de origen.

No obstante, la tragedia y el horror reprobable de tales hechos no son la única coincidencia que enlaza ambos episodios. En medio de todo aquello, también hubieron personas que se negaron a ser cómplices de lo injustificable ya fuera por acción o por omisión. La primera mitad del siglo XX conoció el Holocausto; pero también conoció a los héroes que le hicieron frente para tratar de salvar a aquellos cuyas vidas habían sido despojadas de todo valor. Ellos también eran los fanáticos, los terroristas, los locos; eran los que, cada cual a su manera y según sus medios, se enfrentaron a las autoridades y a las leyes y a la opinión de toda una sociedad, para defender a los que eran considerados infrahumanos y cuyo exterminio sistemático era considerado una solución. El Holocausto perpetrado por los nazis conoció a Irena Sendlerova, "el ángel del ghetto" que salvó de la masacre a cientos de niños judíos escondiéndolos en los hogares de familias que los recibían; a Oskar Schindler, el empresario que empleaba a obreros judíos en sus fábricas como fachada para evitar que fuesen a parar a los campos de concentración; a Sophie Scholl, que a través de su grupo clandestino "La Rosa Blanca" se dedicó a denunciar los crímenes del partido Nazi y lo pagó con su vida; al Padre Maximilian Kolbe, que dio su vida en los campos de concentración ofreciéndola en lugar de la de un padre de familia.

Fueron personas que enfurecieron a muchos de sus contemporáneos, por atreverse a defender a aquellos considerados como infrahumanos, cuyas vidas carecían de valor y cuya eliminación se pretendía y amparaba por ley.

Hoy por hoy, los que se levantaron y se siguen levantando contra el Holocausto de nuestro tiempo también enfurecen a mucha gente. Y seguiremos enfureciendo a mucha gente más, mientras siga siendo necesario recordarles que no existen seres humanos superiores o inferiores a otros; y que todos, indistintamente, merecemos protección y respeto por nuestras vidas. Ni olvidaremos el horror del pasado, ni nos quedaremos de brazos cruzados mientras ese horror depreda nuestro presente.

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