17 de marzo de 2012

La bola de cristal

"Se debería detener la procreación de los enfermos, de los débiles mentales y de los pobres." - Margaret Sanger

Puede sonar a diálogo puesto en boca del personaje de alguna película, y no dudo que a muchos les suscitará al mismo tiempo incredulidad e indignación.

No obstante, Margaret Sanger no era el personaje de una película. Fue una mujer real tanto como una incansable impulsora del control de la natalidad como medida de carácter eugenésico y neomalthusiano; es decir, para purgar la raza de aquellos elementos considerados "indeseables" y así perfeccionarla. No es una invención ni una mala interpretación de parte mía ni de nadie; son sus propias palabras: "La campaña para el control de la natalidad no es simplemente de valor eugenésico, sino que es prácticamente idéntica a las metas finales de la eugenesia."

Margaret Sanger consideraba que los pobres y los indigentes, los epilépticos, los individuos con enfermedades físicas o mentales, los delincuentes o los hijos de delincuentes, y los individuos pertenecientes a minorías raciales y étnicas eran individuos inferiores, "malas hierbas" y peso muerto que representaban una carga para la sociedad, la cual debía apuntar a purgarse de tales individuos. Para ello, fue promotora acérrima e inamovible de las políticas orientadas al control de la natalidad, tales como la esterilización y el aborto. Fue de hecho la fundadora de la IPPF (International Planned Parenthood Federation; o "Paternidad Planificada" en español), hoy por hoy la multinacional del aborto más importante a nivel mundial.

Margaret Sanger no fue la primera persona que defendió estas atrocidades, y tampoco será la última. De hecho, siguen estando en boca de muchos Sangers contemporáneos, la mayoría de los cuales nos encontramos en nuestra vida cotidiana.

"de que derechos humanos me hablas , ¡¡ de los niños que nacen un cante , las atorrantas de las madres los cagan de hambre los mandan pedir y son unos infelices¡¡¡ no seas ingnorante ¡¡¡ prefiero un aborto que un guri en el cante muerto de hambre¡¡¡¡¡" (sic)

Esto lo escribió una usuaria de Facebook a propósito de una fotografía, en la que se mostraba una publicidad en un ómnibus abogando por la protección de los no-nacidos con motivo del proyecto que pretende legalizar el aborto en Uruguay. A simple vista, se pueden identificar sin problema dos grandes prejuicios muy arraigados en nuestra sociedad: la misoginia y la creencia de que los pobres son por definición infelices, delincuentes y maltratadores de sus hijos. No es la primera vez que leemos o escuchamos joyas de este tipo para justificar el aborto, y casi todas desembocan en la misma conclusión: determinados niños no son bienvenidos y hay que abortarlos...
  • ... antes que nazcan y después salgan a robar.
  • ... porque nadie los va a querer, van a terminar abandonados o maltratados por la familia.
  • ... porque las madres, que son unas atorrantas y unas sinvergüenzas, ya tienen demasiados hijos y no van a poder mantener otro.
  • ... antes que nazca con una enfermedad y que su vida esté llena de sufrimiento; porque ¿qué caldiad de vida va a tener así?

Margaret Sanger iba un poco más lejos, y proponía además la esterilización (en algunos casos forzada, como proponía para los enfermos mentales) de aquellos individuos que ya han nacido para que no se reproduzcan y perpetúen su descendencia inferior. Tampoco es una novedad hoy día y en nuestra sociedad: las mujeres humildes llegan a nuestros hospitales públicos para que las bombardeen con todo lo anterior, presionándolas a que se esterilicen porque, en definitiva, "ya hay demasiados pobres y no queremos que nazcan más".

Cabe preguntarse si los partidarios del aborto eugenésico tienen en su poder una bola de cristal, con la cual pueden predecir, desde antes del nacimiento, la clase de vida que una persona inexorablemente tendrá y si será feliz o infeliz. No soy una persona supersticiosa, así que con bola de cristal o sin ella, no creo en sus predicciones. No creo en destinos ni determinismos; creo en la voluntad de las personas como la fuerza que mueve y dirige sus propias vidas, y creo en las manos tendidas de otras personas que las ayudan a levantarse y seguir adelante.

Ser pobre no es un crimen, y nacer en la pobreza no es venir de fábrica con un cronómetro en cuenta regresiva que marca el tiempo que tardará el pobre en convertirse en delincuente, por el mero hecho de ser pobre.

Estar enfermo no es un crimen, y las personas 100% sanas no existen. Sea el que adquiere su enfermedad o quien nace con ella, tenemos derecho a que nos cuiden y a que no mutilen el potencial que sí tenemos poniendo como pretexto el que no tenemos. Existen - existismos - personas que se forman para cuidar a esas otras personas, para curarlas o para mejorar su calidad de vida cuando curarlas no es posible. Nuestros ciegos, nuestros sordos, nuestros mancos, nuestros paralíticos, nuestros síndrome de Down, nuestros niños de la Teletón; todos ellos han demostrado que los que en el pasado vivían y morían confinados en un sótano por la sociedad que se avergonzaba de ellos, tienen esperanzas y vidas plenas como todos nosotros.

Yo vi a esa gente pobre ir con sus hijos de la mano en las ferias barriales o llevarlos al consultorio; y lo que vi no hablaba de cuánto hay en sus bolsillos ni de cuánto sudor y lágrimas les ha costado sacar adelante a sus familias. Vi su preocupación por ellos, vi sus sonrisas y sus juegos, y me reí y jugué con ellos también. Vi gente que no necesita un bolsillo lleno para amar a sus hijos, para ser fuerte y luchar por ellos. Vi niños que no necesitan todos los juguetes del mundo ni haber salido del molde de una fábrica para estar alegres y ser perfectos. Yo vi y conversé con voluntarios y ONGs que ayudan a esa gente, y que podrían ayudar a subsanar las carencias de muchas más si acaso el Estado y quienes los critican por la labor que hacen, salieran a ensuciarse las manos ellos también.

Si el tiempo que se dedican a predecirles el fin del mundo a las personas pobres y enfermas lo dedicaran a ofrecerles ayuda para salir adelante, ni siquiera tendría que estar escribiendo esta nota.


No puedo caminar tus pasos en tu lugar. No puedo llevar tu carga en tu lugar. Pero puedo prestarte mi hombro para que te apoyes en mí mientras camines y mi mano para levantarte cuando tropieces; y te ayudaré a apilar tu carga para construir los peldaños de la escalera con la que alcanzarás la cima.

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