14 de octubre de 2012

A las puertas de un tratamiento

"Encontraremos una cura. Es imposible no encontrarla. El esfuerzo intelectual que se requiere es menor que el necesario para enviar a un hombre a la luna." - Profesor Jérôme Lejeune

En una de esas joyitas con las que cada tanto tengo la suerte de tropezarme mientras navego las impredecibles aguas de la red, el diario digital EuropaPress informó el día 9 de octubre (nunca es tarde para compartir buenas noticias) que el director del Instituto de Epidemiología Molecular y del Centro Medicina Embrionaria y Salud Materna en Chile, Profesor Dr Elard Koch, ha anunciado que su equipo ya está trabajando en lo que sería la primera promesa de un tratamiento para el síndrome de Down.

El tratamiento en cuestión, de carácter no invasivo, y que tendría lugar desde la mismísima etapa embrionaria entre la 2da y 8va semanas de desarrollo intrauterino, posibilitaría "un incremento de la capacidad cognitiva, mayor aprendizaje y desarrollo del lenguaje, una disminución de los rasgos cráneo-faciales, reducción de las anomalías cardíacas y un aumento de la expectativa de vida."

Igual que la cirugía fetal, en su momento, marcó un antes y un después para los bebés afectados con espina bífida y sus familias, hoy estaríamos más cerca que nunca de que la misma esperanza pueda, en el futuro, estar también al alcance de los bebés afectados con síndrome de Down.

A esto me refiero cuando sostengo, como sostendré siempre, que Ciencia es creer para ver y no al revés. Décadas atrás un médico creyó sin haber visto, y hoy estamos a las puertas de ver aquello en lo que él creyó totalmente a ciegas, cuando todavía nadie podía verlo ni por asomo. Jérôme Lejeune creyó en los niños con síndrome de Down, creyó en que sus vidas merecían ser queridas y cuidadas como las de cualquier otro paciente, creyó en todo lo que esos niños eran capaces de lograr y en los adultos que podían llegar a convertirse si se les brindaba la oportunidad y la ayuda necesarias, y creyó en que había que apostar por ellos y no bajar nunca los brazos en busca de una cura, que podía y debía ser encontrada.

Para muchos parlamentarios en Uruguay, como bien plasmado lo dejó la senadora Mónica Xavier en el primer esbozo de proyecto que presentara en la actual legislatura para legalizar el aborto en nuestro país, abortar a uno de estos niños con síndrome de Down es una decisión legítima. Los para investigadores pioneros que trabajan en una cura son pacientes de 2 a 8 semanas de vida intrauterina; para una senadora - con el agravante de haber estudiado Medicina, quedándose sin pretextos para aducir que no tiene una formación mínima en la embriología médica más elemental - pueden perfectamente ser privados de esa posibilidad de vivir y beneficiarse de lo que la Medicina puede hacer por ellos, sencillamente porque están enfermos.

Jérôme Lejeune nunca bajó los brazos. Chile y sus pioneros no bajan los brazos. El movimiento Provida en Uruguay no baja los brazos. Creemos en esos niños y en sus familias; y valga hacer la modestia aparte, yo creo en lo que la Medicina puede hacer y hará aun más a futuro por ellos - en lo que ya está haciendo por ellos.

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