8 de enero de 2013

Algunas consideraciones

Vamos a entendernos: una cosa es tratar de defender a ultranza la ley que legaliza el aborto en cuya promoción y reglamentación se ha tomado parte - de hecho, con mucho más empeño que en cualquiera de las leyes, guardadas en cajones de nuestro Parlamento, orientadas a agilizar los trámites de adopción y a garantizar un ejercicio digno de la maternidad en un marco de contención y apoyo tanto material como psicológico. Otra cosa bien distinta es salir a hostigar y a presionar a los profesionales médicos que no tienen intención de tomar parte en la práctica de abortos, salir a exigirles explicaciones que no tienen ninguna obligación de rendir (ni ningún ministerio la potestad de exigirles), o ni tan siquiera tomarse la molestia de desmentir o confirmar el rumor (que trascendió incluso en la prensa) de que los ginecólogos objetores de conciencia no podría ocupar cargos de jefatura.

El Profesor de la Clínica A de Ginecotocología, Dr Leonel Briozzo, volvió a dar un paso agigantado - y absurdamente inverosímil - en esta suerte de cacería de brujas que parece querer impulsar con el aval del Ministerio de Salud Pública, del cual es además Subsecretario: habiendo caído en oídos sordos todos sus ruegos hasta ahora, pues a fin de cuentas la alarmante falta de ginecólogos dispuestos a practicar abortos sigue siendo un problema para sus defensores, no tuvo mejor ocurrencia que citar las palabras de Juan Pablo II con motivo del Día Mundial de la Paz en el año 1991.

"La libertad de la conciencia no confiere un derecho indiscriminado a la objeción de conciencia. Cuando una libertad afirmada torna licencia o se convierte en una excusa para limitar los derechos de otros, el Estado se ve en la obligación de proteger, también por medios legales, los derechos inalienables de sus ciudadanos contra tales abusos."

Yo no sé si el Profesor Briozzo es realmente consciente de las toneladas de tierra que se echa encima al citar estas palabras, aunque me imagino que para cualquiera con un sano ejercicio de comprensión lectora le resultará evidente por qué no pudo elegir palabras más inadecuadas para justificar su posición - y el hecho mismo de que las eligiera denota hasta qué punto ha agotado hasta el último de sus argumentos.

  • Juan Pablo II, sólo en caso de que alguien lo haya olvidado o no lo supiera, fue el penúltimo Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana, que no puede haber sido más clara en su rechazo absoluto e innegociable a la práctica del aborto provocado, que por cierto el mencionado Papa no dejó de condenar en reiteradas oportunidades y por diversos medios, el principal de ellos siendo su encíclica Evangelium Vitae. No pretendo - ni me interesa, porque yo no soy católica - que el Dr Briozzo o quien sea comparta total o parcialmente el contenido de la encíclica, eso es asunto de cada uno; pero haría bien el Profesor en informarse apropiadamente antes de citar, para ejercer presión sobre sus colegas que no quieren practicar abortos, precisamente a uno de los personajes más notorios de nuestra historia contemporánea y quien fue imposiblemente más claro y contundente, en reiteradas oportunidades y por diversos medios, para condenar el aborto provocado.
  • La mayoría o al menos muchos de esos ginecólogos probablemente ni siquiera sean católicos. Empezando por el Profesor Justo Alonso, de la Clínica C de Ginecotocología, que lo primero que aclaró durante la conferencia de prensa del día --- fue de hecho que él es ateo. Si citar a Juan Pablo II fue un manotazo particularmente desesperado del Profesor Briozzo para ganarse a médicos y/o usuarios católicos, no pudo fracasar más rotundamente.
  • Ni la ley de aborto Nº 18987 aprobada, ni el decreto Nº 375/012 que la reglamenta, ni básicamente ninguna norma dentro o fuera de Uruguay (de la que yo tenga conocimiento al menos) les exige a los médicos objetores de conciencia que rindan explicaciones sobre los motivos por los cuales objetan a ningún ministerio ni organismo de ninguna suerte, ni ninguno de dichos organismos tiene la potestad para exigir tales explicaciones a los profesionales, ya sea en relación al aborto o cualquier otra. Lo único cierto es que tanto la ley como el decreto contemplan el derecho a la objeción de conciencia, y lo único que pueden hacer en esto el Dr Briozzo y el Ministerio de Salud Pública es respetar ese derecho. Nada más.

Ningún funcionario de un ministerio, ni el ministerio mismo, tiene por qué salir a convencer ni a hostigar a los profesionales de la salud para que se desdigan y lleven a cabo algo con lo que, por el motivo que sea, no están de acuerdo. La obligación del Dr Briozzo y la del Ministerio de Salud Pública es sencillamente respetar lo recogido en la ley y en el decreto en cuya redacción él mismo participó. Lo demás es propaganda, hostigamiento y persecución.

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