6 de octubre de 2013

A las puertas de la indiferencia

Informa el título de la nota publicada en La República: "Salvajes: mexicana da a luz frente a hospital que se negó a atenderla."

Si como yo te enteraste de esta noticia, y lo hiciste de rebote vía Facebook porque no tuvo mayor trascendencia, es algo que no me extrañaría: una mexicana tuvo que parir a su hijo literalmente a las puertas de un hospital. ¿La razón? El hospital se negó a atenderla.

La imagen de la mujer arrodillada en el pasto frente a la fachada del hospital, con su recién nacido en el suelo todavía unido al cordón umbilical, sin todavía haber alumbrado la placenta, habla por sí sola y vale más que mil veces mil palabras. El recién nacido su madre se encuentran en buen estado de salud, pero la indignación no se ha hecho esperar y ha dejado de manifiesto la situación que sufren muchas mujeres indígenas en ese país.

No es el primer caso de su tipo. Como se informa en la misma nota de prensa, ya hubo un caso similar en la misma localidad, que ni siquiera trascendió como este, así como casos de otras mujeres que han terminado pariendo en el transporte público porque no pudieron llegar a tiempo a un hospital que atienda a personas sin seguro médico, ubicado a kilómetros de sus hogares.

Lo que todavía brilla por su ausencia en un comunicado de indignación por parte de todas y cada una de las ONGs y personalidades que abogaron insistentemente por la legalidad del aborto en México, bajo el falso pretexto de disminuir la mortalidad materna, y ahora permanecen en el más absoluto silencio acerca del caso de esta muchacha que parió sola en la vía pública y en el pasto, porque el hospital al que acudió se negó a prestarle asistencia. Por lo visto, la salud materna importa solamente cuando reporta votos y rédito político, o sirve como pretexto para recibir millonarias subvenciones por parte de la ONU. Si querés tener a tu bebé y sos pobre, arreglate como puedas - así implique parirlo sola en el pasto.

Salvajes en verdad hay que llamarlos. Salvajes ellos y salvajes esa lamentable excusa de profesionales, a quienes la profesión médica les queda demasiado grande, que les niegan asistencia a esas mujeres cuyos derechos parece que no importaran.

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